Antes de la pandemia, yo pensaba que mi familia compartía las tareas en casa de manera bastante equitativa. Mi esposo y yo tenemos la fortuna de poder trabajar a distancia y, aunque tuviéramos jornadas pesadas, el tiempo alcanzaba realmente para todo. Y mi hija, aunque es pequeña, comienza a tener también responsabilidades familiares.

Luego llegó el coronavirus. Mi esposo, mi hija, yo y mis 3 perros hemos estado guardados desde marzo. El reto de mantener al mismo tiempo la casa funcionando, el trabajo, cumplir con la escuela virtual y procurar la salud física y emocional de todos puso en evidencia que uno de los lados de nuestra familia – el mío – cargaba con muchas más responsabilidades de manera regular.

Esto no es una graaan sorpresa. Hay muchos estudios que indican que, en general, las mujeres dedican todos los días el triple del tiempo al trabajo en casa (sin pago, obviamente) en comparación con el que dedican los hombres. Esto se mantiene incluso para las mujeres que trabajan a tiempo completo. El famoso “segundo turno” que significan las tareas en casa provoca una carga mental enorme porque implica planear, organizar, recordar, crear logística y asegurarse del bienestar de todos.

Para renegociar la carga de las tareas en casa y asegurarnos de que nadie termine con un agotamiento tal que perjudique incluso su salud, tomamos como ejemplo los 5 pasos que aconsejan Brigid Schulte y Haley Swenson, creadoras del Better Life Lab y especialistas en equidad de género.

1- Observar las tareas en casa

Hagan el compromiso familiar de observar en quién lleva a cabo las tareas en casa de forma normal.

En este momento no se trata de intervenir. Este es un ejercicio para realmente poner atención en las dinámicas que como familia llevan a cabo.

Este paso también los hará ver por qué asumen que alguien (incluso tú mismo) debe hacer algo en particular y cómo es que estas dinámicas los hacen sentir de forma individual.

2- Hacer un inventario de actividades

Probablemente después de la observación saldrá a la luz que todos tienen muy claras en su mente las actividades que realizan. Pero, no necesariamente las que otros hacen, por muy obvias que sean.

Es por esto que el siguiente paso es hacer una lista detallada de todas las tareas que deben hacerse para que su casa camine. De esta forma tendrán un mapa completo antes de empezar a repartir actividades. Solamente recuerden que, durante la pandemia, hay que ser prácticos y enfocarnos en las actividades básicas e imprescindibles para que todo funcione.

Antes de dividir las tareas de una manera equitativa, platiquen sobre quién ha hecho determinada labor hasta ahora. Por ejemplo, quién lava la ropa o quién se encarga de cocinar. Si encuentran patrones que les llamen la atención, traten de analizar por qué se estaban dando así las cosas y qué pueden hacer para no caer en conductas desiguales de nuevo.

3- Repartir y tomar responsabilidad

Para hacer la repartición de tareas tomamos los consejos de la psicóloga y especialista Noemí Fernández Cuevas:

Con la lista de tareas ya hecha cada miembro de la familia escogerá lo que más le gusta hacer y lo que de plano odia. Las tareas que haya elegido un miembro de la familia solamente le serán asignadas, si es que no hay objeciones. Con las demás tareas se hace lo siguiente:

  1. Las tareas que impliquen pasar tiempo con los hijos se repartirán de forma equitativa entre los padres. Así garantizamos convivencia y participación.
  2. Aquellas tareas que cada quien odia, se asignarán a quien no las haya incluido en su lista negativa. Si hay muchos miembros en la familia que no quieran hacer algo en especial (seamos sinceros, lavar los trastes no es la actividad favorita de nadie) esta se asignará por turnos semanales para que sea parejo para todos.
  3. Las actividades que nadie ama u odia serán repartidas de forma equitativa hasta que todo quede cubierto.

Una vez hecha la repartición de tareas, cada individuo debe asumir su responsabilidad y llevar a cabo lo que lo tocó. Todos deben tener en cuenta que no son ayudantes de quien antes hacia todo o hacía más. Ahora todos son responsables de lo que les toca al 100%.

4- Mantener la comunicación abierta

Será perfectamente normal que los primeros días (o semanas) después de que se repartieron las actividades no todo fluya sobre ruedas. Esto puede crispar los ya de por sí tensos nervios de quien antes hacía esas labores en casa. Esto se acentúa más porque muchos seguimos en aislamiento por la pandemia y estamos en la casa tooodo el día.

Calma. En lugar de regañar o caer en la tentación de retomar la responsabilidad de una actividad, platiquen. La retroalimentación va a ser importante en este proceso y hablar de forma clara, sin herir los sentimientos de alguien o sin sentirnos juzgados es primordial para ir afinando el nuevo funcionamiento familiar.

La repartición no está escrita en piedra para siempre. Obviamente es modificable según se vayan viendo que suceden las cosas. Lo que no se vale es que algún miembro de la familia deje de hacer lo que le toca, por la razón que sea, y no avise o exprese que necesita ajustar lo que le corresponde.

5- Nunca olvidar la gratitud

El que una actividad no sea nuestra responsabilidad y alguien más la haga no implica que no seamos agradecidos con quién la lleva a cabo.

Si vemos a algún miembro de nuestra familia metiendo ropa a la lavadora o barriendo el piso, no olvidemos dar las gracias. Ya hemos hablado de que la gratitud es un gran valor que debemos incluir en nuestras vidas e inculcar en nuestra familia. Expresar gratitud en voz alta y que todos en la casa puedan escucharlo seguramente transformará la dinámica creando un sentido de unidad.

Además, la gratitud levantará la moral de tu familia, en estos momentos en que todos necesitamos un apapacho. No olvides decir “gracias”.

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