El que los niños desarrollen buenos hábitos, como el hábito del ahorro, les traerá grandes beneficios mientras crecen y una vez que sean adultos. Pero, ¿cómo podemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar prácticas permanentes que hagan su vida más plena y productiva? En este texto tenemos algunos consejos que serán de mucha utilidad.

¿Qué es un hábito?

De acuerdo con Bas Verplanken, profesor e investigador en la Universidad de Bath, en Reino Unido, un hábito es una acción que sucede automáticamente cuando nos enfrentamos a cierta situación que ya ha ocurrido en el pasado.

Un aspecto clave de los hábitos es que, al ser respuestas automáticas, se imponen a la razón. Esto significa que mientras un hábito se va haciendo más fuerte, más difícil será actuar de forma diferente, incluso si así lo deseas.

Es por esto que los hábitos persisten en el tiempo: son inconscientes y no dependen de los pensamientos, la memoria o la fuerza de voluntad.

El ciclo de los buenos hábitos

Charles Duhigg, experto en psicología conductual y ganador del premio Pulitzer, explica que los hábitos que permanecen en las personas responden a un ciclo que se repite automáticamente. Para adoptar buenos hábitos debemos asegurarnos de que todos los elementos del ciclo estén presentes:

Buenos hábitos ciclo

La señal

Cuando una situación dispara una señal, nuestro cerebro verifica si hay una rutina preestablecida para responder. Si es así, se pondrá en acción con la rutina que tiene aprendida.

Por ejemplo, cuando el despertador suena en las mañanas, el sonido es la señal para arrancar la rutina diaria. Inmediatamente nuestro cerebro revisa y responde con nuestro hábito.

La rutina

Se trata de la respuesta que el cerebro da a una señal y se compone de la serie de pasos que seguimos para alcanzar un objetivo, ya sea levantarnos y salir a correr (buen hábito) o apagar la alarma y dormirnos “cinco minutitos más” (mal hábito).

La recompensa

En esta parte del ciclo nuestro cerebro recibe un “premio” por tomar una acción determinada. La calidad del premio hace que nuestro cerebro determine también si vale la pena memorizar una rutina y hacerla un hábito u olvidar los pasos realizados.

El problema al crear buenos hábitos

De acuerdo con Charles Duhigg, las personas fallan en crear buenos hábitos porque no aplican recompensas adecuadas por actuar de la forma deseada.

Por ejemplo, adoptar el hábito de comprar por impulso es fácil porque, al hacerlo, nuestro cerebro se baña en dopamina y otros químicos placenteros de forma inmediata. Aunque conscientemente sepamos que derrochar dinero es malo, la respuesta automática del cerebro será comprar porque la recompensa le gusta.

Por otro lado, adoptar el hábito del ahorro es más complicado porque la recompensa del cerebro no es inmediata. Claro, con esfuerzo y disciplina el cerebro aprenderá a estimularse de forma positiva cuando pongamos monedas en el cochinito o cuando le hagamos transferencia a nuestra cuenta de ahorro, pero el hábito necesitará ayuda para permear en nosotros y quedarse.

¡Creando el hábito de ahorro en los niños!

Pongamos en práctica lo aprendido hasta ahora y ayudemos a los niños a crear buenos hábitos con un plan claro. Los pasos a seguir son los siguientes:

  1. Elegir la señal, la rutina y la recompensa

Ya sea tender la cama en la mañana, leer 15 minutos todos los días o ahorrar de forma constante, es necesario que tengamos claros los 3 elementos del ciclo de los buenos hábitos. Como en Tengo Iniciativa las finanzas personales son un tema que nos apasiona, pondremos como ejemplo el ahorro:

Señal: La recepción del domingo o la mesada.

Rutina: Inmediatamente los niños deberán repartir su dinero y meter en su cochinito o apartar para depósito la cantidad que se acuerde para ahorro.

Recompensa: Este elemento va de acuerdo con el esfuerzo que requiera la rutina. Si es algo sencillo puede funcionar poner calcomanías en un pizarrón cada vez que el ahorro sea logrado. Al juntar, por ejemplo, 10 calcomanías, podemos tener una salida al cine. Eso sí, debemos recordar que los acuerdos entre padres e hijos funcionan con base en la confianza así que, si prometimos una recompensa, la tenemos que cumplir.

  1. Tener en cuenta el acompañamiento

Durante los primeros días o semanas tendremos que guiar, acompañar y animar a los niños al cumplimiento de la rutina con miras a que se vuelva un hábito.

Es de esperarse que, en algunos casos, haya resistencia a la rutina o que el proceso no sea tan sencillo como quisiéramos. Somos nosotros como padres quienes debemos permanecer calmados y motivar a los niños a continuar. La resistencia será temporal y, cuando el hábito quede formado, nuestro esfuerzo habrá valido la pena.

  1. Saber recompensar

Debemos ser observadores atentos y detectar los momentos en que los niños actúen de acuerdo con el hábito que queremos formar. En el caso del ahorro, si por ejemplo detectamos que nuestros hijos eligen no comprar un dulce y prefieren sumar a su objetivo de ahorro, debemos expresarles que nos sentimos felices y orgullosos. No tenemos que hacer una fiesta, pero una sonrisa o un abrazo y decirles de forma específica “sé que la decisión fue difícil, gracias por tu compromiso” siempre será bien recibido por nuestros hijos.

  1. Mantener la motivación

Probablemente le debamos recordar de vez en cuando a nuestros hijos la importancia de sus “pequeñas victorias”, especialmente cuando los veamos flaquear en el proceso de crear buenos hábitos. Por ejemplo, si notas que tus hijos han gastado más dinero del que han ahorrado, en lugar de regañarlos o aventarles un discurso sobre el futuro incierto, utiliza esta estrategia: “Oye, papá, ¿te conté que Miguel ya está muy cerquita de poder comprarse su bicicleta? Lo ha hecho muy bien estos días; ayer prefirió ahorrar un poco más en lugar de comprarse un dulce. ¡Cuéntale a papá, Miguel!”.

Es probable que Miguel le contará a su papá con mucho orgullo cómo fue que tomó la mejor decisión con su dinero y así hemos logrado disparar de nuevo en él la señal de ahorrar para su objetivo mayor recordándole sus pequeñas victorias.

  1. Construir sobre sus triunfos

Lograr la primera victoria es la parte más complicada, pero una vez que la alcancemos, es probable que arranquemos el ciclo virtuoso de los buenos hábitos.

Al tiempo que los cerebros de nuestros hijos aprendan a automotivarse, podremos salirnos de la ecuación y dejarlos crear sus propias rutinas y buenos hábitos, siempre estando al pendiente por si es que requieren de más acompañamiento y estimulación.

La importancia de los padres al desarrollar buenos hábitos

Ya hemos platicado en publicaciones anteriores que la más grande influencia en la vida de los niños viene usualmente de mamá y papá. El que los padres acompañemos a nuestros hijos en el proceso de crear buenos hábitos no solamente incluye la motivación, el seguimiento y las recompensas. El papel más importante que desempeñamos es el de ser ejemplos a seguir.

Nuestros hijos nos observan, escuchan lo que decimos y aprenden de las decisiones que tomamos. De nuestras acciones dependerá en gran medida qué tipo de adultos serán cuando crezcan, qué buenos hábitos los fortalecerán y contra cuáles tendrán que luchar. Es nuestra responsabilidad ser esas personas que deseamos que nuestros hijos admiren, respeten e imiten.

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