Hace 10 años inicié un proyecto de educación financiera para jóvenes – y otros no tanto -, que ustedes conocen como Pequeño Cerdo Capitalista. Si en esta década ha habido un comentario que siempre me repiten los lectores es “¿Por qué no me enseñaron esto cuando iba en primaria? ¿por qué en mi casa no se hablaba de dinero?, la educación financiera para niños debería ser materia obligatoria, ¡Me habría ahorrado tantos dolores de cabeza!”

Como se imaginarán, cada vez que lo escuchaba me brillaban los ojitos sólo de pensar que algo así pudiera existir: que no tuviéramos que esperar a cometer grandes errores con nuestra tarjeta de crédito o a sufrir porque no nos alcanza para aprender de dinero.

Y no sólo en  cuestiones de finanzas personales: ¿Por qué lo máximo que tenemos de educación vocacional es un test al final de la prepa que te deja igual de confundido que antes de tomarlo? ¿por qué emprender termina siendo para muy pocos o por qué tenemos que “aventarnos” sin las herramientas mínimas? Y sobre todo ¿por qué si es más fácil aprenderlo desde niños y equivocarnos aún jugando o cuando el error se queda en un ejercicio y puede aprender “indoloramente” de él?

Bueno, pues parece que este gran anhelo -mío, pero también de muchos padres- de que educación financiera y emprendimiento sean materias que los niños puedan dominar desde la primaria por fin tiene una gran oportunidad.

¿Cómo lograr un enfoque efectivo de educación financiera y emprendimiento en las escuelas?

Como platicamos en el post pasado, la Autonomía Curricular del Nuevo modelo educativo permite que las escuelas primarias adopten la materia de Educación financiera y emprendimiento en su horario normal, porque ahora pueden meter nuevas materias que consideren relevantes para sus alumnos.

Esto curiosamente sucedió casi en paralelo a un suceso muy interesante: Hace un par de años, me reencontré con Fernando Esteves, Director de SM México, que curiosamente es quien descubrió la existencia del blog del  Pequeño Cerdo Capitalista hace 10 años por una reseña en la revista de una areolínea.

Cuando nos volvimos a ver platicamos mucho sobre nuestro interés mutuo en acercar la educación financiera a los niños, especialmente de primaria, despertar en ellos el espíritu emprendimiento y por generar proyectos viables que beneficien a sus familias y sus comunidades.

El tema es que yo me negaba en rotundo a hacer lo que veía en muchos sitios: una versión para niños, sólo enfocada a lo técnico, de temas financieros. La educación financiera y el fomento al emprendimiento es mucho más que saber de contabilidad, hacer una tabla FODA o un “business plan”. Al menos si quieres realmente generar habilidades que les van a servir toda la vida y no sólo para pasar el examen de la materia.

El marco de UNICEF

Comenzamos a investigar y encontramos un marco muy robusto que desarrolló la UNICEF en conjunto con Aflatoun, Child Savings International y Child and Youth Finance International (A los que conocí en un seminario de la OCDE y de los que me volví embajadora hace 3 años) llamado Child Friendly Schools. Lo que más me convenció de este marco es que efectivamente ayuda a generar “habilidades para la vida”, pues incluye las 3 áreas que los chicos deben desarrollar para tener mayor autoconocimiento, aumentar la confianza en su capacidad para tomar decisiones importantes y realizar acciones positivas en sus vidas:

  1. Habilidades sociales, como el autonocimiento, el manejo de las emociones y la capacidad de negociación, entre otras.
  2. La educación financiera, para aprender el valor del dinero, cómo manejar y hace crecer sus recursos.
  3. Y finalmente, el emprendimiento , que explora tanto la vocación, la contribución al entorno y los proyectos que puedan desarrollar, tanto iniciativas comunitarias como negocios sociales o financieros. Es decir, abrirles una una vía para alentarles a ser más ingeniosos y creativos en la realización de su potencial económico.

El siguiente paso fue aterrizar estos conceptos a una metodología que fuera apta para niños, porque es muy diferente la manera en que se elabora un programa dirigido a los adultos, como el Pequeño Cerdo Capitalista, a la forma en que los niños aprenden.

Un piloto “caído del cielo”

Para mayo de 2017 teníamos una primera estructura del libro. Pero cuál iba a ser nuestra sorpresa, que la realidad nos iba a mejorar el esquema.

El año pasado la SEP de Chiapas nos invitó a mí y a SM México a diseñar un curso de verano de educación financiera y a capacitar a sus facilitadores, que impartían las materias de matemáticas y física, pero al término del mes parecían expertos de toda la vida en Educación Financiera.

Al ser un curso de verano las actividades tenían que ser muy divertidas, pero mi propósito no era que sólo jugaran, sino que realmente aprendieran y se llevaran hábitos para toda la vida.

Los niños empezaron a ahorrar el primer día y les dijimos que sólo los que pusieran una moneda por día -sin importar la denominación- obtendrían un premio. Todos lo lograron.

También vimos cómo integraban otros aprendizajes y reflexionaban sobre las necesidades y oportunidades de su comunidad: tenían clase de ciencia y aprendieron a hacer mermelada. Uno de los niños quería iniciar un negocio de mermeladas de mango, porque encontró que había muchos árboles llenos de esta fruta, que se caía y se echaba a perder sin que nadie hiciera nada. ¡Un pequeño emprendedor!

Fue súper interesante ver cómo reaccionan los niños a los conceptos financieros porque para ellos es un aprendizaje natural; no oponen resistencia. Ellos adoptan la práctica del ahorro, la inversión o el gasto responsable de manera natural, ya que no tienen prejuicios al respecto, que es en lo que más invierto tiempo con los adultos cuando quiero enseñarles de educación financiera.

Al terminar el curso les hicimos una encuesta y en las preguntas abiertas yo esperaba que a la pregunta ¿qué es lo que más te gustó del curso de verano? respondieran “los juegos” pero quedó desbancada al segundo lugar por otra inesperada: “aprender a ahorrar”. Ahí entendimos que por la naturaleza práctica de estas materias teníamos que hacer dinámicas verdaderamente divertidas, que usaran todos los estilos de aprendizaje de los niños (auditivo, kinestésico y visual), pero que provocaran reflexión y cambio de hábitos.

Así nació Tengo Iniciativa

Con los aprendizajes del curso de verano, con el marco teórico de la UNICEF, el extraordinario apoyo de Isaac Castillo, mi talentosísimo editor en SM, y del equipo de Servicios pedagógicos de la editorial, desarrollamos una metodología basada en el aprendizaje lúdico, con actividades divertidas, contenidos interesantes y muchos ejercicios que despiertan en los niños las ganas de encontrar sus pasiones, descubrir qué les importa en la vida, evaluar las necesidades de sus comunidades y finalmente, desarrollar iniciativas que mejoren su entorno.

Así nació Tengo Iniciativa, un proyecto que me apasiona muchísimo porque creo firmemente que es una metodología que los adultos de hoy hubiéramos deseado tener cuando fuimos niños. Nos hubiera ahorrado probables historias de terror con deudas, créditos y malas inversiones y nos hubiera despertado la cosquilla por emprender y ahorrar desde más chiquitos.

¿Cómo consigo Tengo Iniciativa para mis alumnos o mis hijos?

Si eres maestro o directivo o padre de familia y te interesa que tu escuela o la escuela de tus hijos imparta materias sobre educación financiera y emprendimiento, puedes dejarnos tus datos en este enlace: http://eepurl.com/dMc5DA y te ayudaremos para que un representante de SM visite la escuela y presente el programa.

Yo creo firmemente que la educación es el único indicador fiable de cómo será nuestro futuro. Espero que ahora que tenemos esta gran oportunidad de enriquecerla en el campo de educación financiera y emprendimiento lo aprovechemos para tener países más prósperos, con niños que crezcan para ser personas que desarrollen todo su potencial y que contribuyan en su entorno.

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