¿Por qué será que en educación financiera no pasamos de darle una alcancía a nuestros hijos o alumnos? ¿Ustedes tuvieron algún aporte adicional a fomentar su ahorro que un cochinito o los timbres del ahorro nacional?

Hace unos días en una cena con amigas en la que les contaba de Tengo Iniciativa – el programa de educación financiera, emprendimiento y habilidades sociales que lanzamos para el ciclo escolar 2018-2019- una de ellas dijo:

¡Ay qué bueno que ya exista eso! Porque a mí me dieron una alcancía pero de ahí no pasó mi educación financiera.

¡Y tiene tanta razón! La educación financiera es mucho más que “guardar monedas” … es más muchos adultos que no pasaron de ahí se quedaron con la idea de que “guardar el cambio” o “ahorrar lo que sobre” es una buena estrategia.

¿Cómo manejaríamos el dinero si además de ahorrar y gastar supiéramos cómo invertir, qué influye en nuestras decisiones de compra, cómo manejar, si tuviéramos metas claras, protegernos de los riesgos, cómo generar cosas valiosas para nuestra comunidad…? Y así me podría seguir horas.

Al fin y al cabo la alcancía es un gran comienzo, pero los niños pueden ir aprendiendo habilidades y conceptos financieros un poco más sofisticados y sobre todo útiles para las decisiones complejas que van a tomar en el futuro si se gradúa de forma adecuada.

¿De qué debería ir acompañada la primera alcancía?

Si me lo preguntas, sin duda alguna, de una meta.

Tanto para los niños como para los adultos el ahorro por el ahorro es muy abstracto. Necesitamos ponerle nombre a las cosas y necesitamos tener un objetivo para saber que lo hemos alcanzado, que nos da satisfacción y que podemos ponernos más.

Es muy interesante pero en los estudios de comportamiento financiero (behavioral finance) el principal descubrimiento es que la gente que tiene buenas finanzas personales comparte una característica: perspectiva de futuro, es decir, la capacidad de plantearse metas y de hacer planes para llegar a ellas.

Sin una meta es muy difícil ahorrar, controlar nuestros gastos, poner el dinero a trabajar o usar el crédito sabiamente. Si no sabemos qué queremos ¡cualquier cosa que se nos atraviese es buena para despilfarrar!

Por eso hablar con los niños del futuro, hacer dibujos de metas o que su alcancía tenga una meta (así él o ella sólo ahorre el 10% y tú le completes el resto) se convierte en una experiencia de mucho mayor aprendizaje que simplemente entregar un objeto con una ranura.

Y si ya se van a tomar la molestia de ahorrar ¿por qué no siendo un poco mayores también hablarles de invertir? En todos los países empiezan a aparecer opciones para niños -en México hay tanto cetes como afore para niños– o hasta de la forma más concreta para ellos: comprar mercancía o materias primas que transformen en algo para revenderlo y obtener una ganancia.

Evidentemente poder “pasar de la alcancía” también nos exige a nosotros investigar más y mejorar nuestra educación financiera pero ese esfuerzo extra seguramente dará rendimientos mucho mayores en las metas y la vida de nuestros hijos que sólo regalar un cochinito.

P.D. Para que vean que en este sitio damos lata pero somos propositivos les dejo este post sobre los básicos de inversión que debes saber para empezar a invertir.

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