Muchos estudios muestran que las personas que pueden sostener la concentración por periodos largos de tiempo tienen un mejor desempeño en retos cognitivos que quienes no pueden hacerlo. Sin embargo, nuestra mente tiene una tendencia natural a la exploración. Si la dejamos libre, seguramente brincará de un pensamiento a otro y pondrá resistencia si queremos que “se comporte” y se esté quieta.

En estos tiempos de internet, videojuegos y demás distractores, nuestra mente tiene muchos estímulos y sus efectos pueden ser negativos para la capacidad de concentración. Pero esta situación tiene remedio si decidimos trabajar y entrenar a nuestra mente. En Tengo Iniciativa te recomendamos estos sencillos, pero muy efectivos ejercicios que se deben practicar cuando menos una vez al día.

La concentración es un músculo

Cuando hacemos la comparación entre ejercitar el cuerpo y ejercitar la mente no lo decimos sólo por decirlo. Esto es tal cual lo que sucede. Los músculos del cuerpo y el “músculo” de la concentración alcanzan un tope de desarrollo simplemente con nuestra actividad diaria. Su poder y resistencia pueden entonces estancarse, atrofiarse por falta de uso o fortalecerse gracias a un entrenamiento vigoroso y con propósito.

Y ojo, este entrenamiento, al igual que el ejercicio físico, también requiere de buena alimentación, recuperación y descanso y de la práctica cotidiana. O sea, de hacerlo un buen hábito.

5 ejercicios para mejorar la concentración

El músculo de la mente, al igual que los músculos del cuerpo, requiere ejercicios de resistencia; necesita retos que expandan sus límites. Al ponernos desafíos, ayudamos a que crezcan las fibras de la concentración. A continuación, veremos 5 ejercicios que ayudan a mejorar la concentración para estar preparados para mayores y más pesados conocimientos.

1- La cuenta hacia atrás

Encuentra un sitio cómodo donde no tengas interrupciones y comienza a contar mentalmente del 100 al 1. Conforme se vaya volviendo sencillo, puedes incrementar este número, empezando por 500 o por 1,000.

En una segunda etapa, puedes aumentar complejidad agregando variantes al conteo: contar de 3 en 3, o por múltiplos de 5. La carga mental adicional de hacer cálculos mientras cuentas requerirá mayor concentración, lo que te hará mantenerte enfocado.

2- Observar atentamente

Coloca delante de ti un objeto cualquiera que encuentres en casa. Siéntate frente a él y comienza concentrándote en un punto en específico de manera relajada. Estúdialo detenidamente. Medita sobre su color, su forma y su aspecto. Mientras lo haces, repite en tu mente una frase corta o una palabra, por ejemplo “ahora estoy aquí” u “observo atentamente”. Esta frase o palabra será tu “ancla de concentración” y te ayudará a regresar tu concentración al objeto cada vez que tu mente comience a divagar.

Cuando hasta practicado la observación por un tiempo, cierra los ojos y trata de crear una imagen visual del objeto. Si comienzas a distraerte, recuerda tu frase o palabra ancla. Finalmente, toma el objeto que has observado y estúdialo con tus manos. Siente la textura de la superficie y su temperatura. Repite el patrón de observar, imaginar y tocar por 5 minutos.

3- Resolver rompecabezas

Practicar ejercicios para el cerebro puede ser tan sencillo como resolver crucigramas, sopas de letras o rompecabezas. Aunque parezcan muy trillados, no pierden su efectividad al momento de trabajar la concentración. Incluso hay estudios que afirman que las personas que habitualmente se entretienen con estos ejercicios tienen una mejor función cerebral cuando llegan a la vejez.

Específicamente, los crucigramas o rompecabezas ayudan a mejorar el desempeño en tareas como el razonamiento, la memoria y la concentración, aumentando la velocidad de respuesta y la exactitud.

4- Escuchar con atención

La concentración no sirve sólo para las tareas intelectuales, es importante también para las relaciones sociales. La habilidad de estar verdaderamente presente cuando acompañamos a otra persona crea lazos de confianza, empatía y afecto. Hacer el esfuerzo de concentrar toda nuestra energía en una persona ejercita nuestra concentración.

Cuando nos sentamos a comer o cenar en familia, cuando entramos a una reunión en el trabajo o cuando tomamos café con un amigo, debemos hacer un esfuerzo consciente por escuchar lo que nos dice, analizando sus palabras y tratando de entender sus sentimientos. Para esto, debemos vencer nuestra natural urgencia por querer comentar o acaparar la conversación con anécdotas propias. Obviamente es necesario que eliminemos cualquier distractor que pueda estar presente, empezando por el teléfono celular.

5- Respirar con control

Este ejercicio es el corazón mismo de la concentración y es tan sencillo como enfocarnos en el ritmo natural de nuestra respiración. Al inhalar, concéntrate en el aire que entra en tus pulmones. Con cada exhalación puedes pensar o decir en voz baja la palabra a frase ancla que vimos en el inciso 2. Si sientes que tu mente comienza a distraerse, tranquilamente regrésala concentrándote en el aire que entra de nuevo cuando respiras. No te frustres o te regañes; esto es cuestión de práctica. El chiste es reconocer cuando pierdes foco y ser capaz de controlar tu mente trayéndola de nuevo al momento presente.

Los beneficios de la concentración

Mejorar tu concentración a través de estos y otros ejercicios traerá muchos beneficios a tu vida. Por ejemplo, puede ayudarte a trabajar el estrés, mejorar la velocidad con la que realizas tus tareas y relacionarte de mejor forma con otras personas. La clave es ser constante y dejarte sorprender por los beneficios de poner real atención al mundo que te rodea.

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